Con motivo del Día Internacional de la Mujer en la Ingeniería, hoy conversamos con nuestra colegiada Gema Gutiérrez León, ingeniera agrónoma con más de dos décadas de trayectoria profesional, vinculada a grandes proyectos de infraestructuras hidráulicas y ferroviarias tanto en España como en el extranjero. A lo largo de su carrera ha estado ligada a empresas como Tragsatec, donde ha trabajado en diferentes departamentos. Actualmente dirige el Departamento de Expropiaciones de SERINCO, una empresa de ingeniería y consultoría que forma parte del grupo SEG Ingeniería. Su experiencia refleja la evolución de una profesión cada vez más diversa y el creciente protagonismo de las mujeres. Hablamos con ella sobre vocación, liderazgo, referentes y los retos de una ingeniería que, además de transformar el entorno, contribuye a mejorar la vida de las personas.
Cuentas con más de 20 años de trayectoria profesional en España y en el extranjero. ¿Qué te llevó a estudiar ingeniería agronómica y qué despertó tu vocación por esta profesión?
Provengo de una familia muy vinculada al entorno rural y al campo, y creo que eso marcó bastante mi manera de mirar el mundo desde pequeña. El campo siempre me ha despertado interés, curiosidad y respeto: es un entorno muy vivo, donde todo está conectado y donde los problemas suelen tener una dimensión muy práctica.
Además, por mi carácter, siempre me he sentido atraída por la resolución de problemas concretos. Me gusta analizar una situación, entender qué ocurre y buscar soluciones útiles. El ingeniero agrónomo aunaba muchas cosas que me interesaban: el territorio, la técnica, la naturaleza, la producción, las infraestructuras y el contacto con la realidad rural. Por eso, sentí que era una profesión muy completa y alineada con mi forma de ser.
A lo largo de tu carrera has participado en grandes proyectos vinculados a infraestructuras hidráulicas y ferroviarias, desempeñando tanto funciones de ingeniera de obras como de coordinación de equipos multidisciplinares. ¿Qué aspectos de tu trabajo te resultan más gratificantes? ¿Y los menos?
Lo más gratificante es, sin duda, poder trabajar en proyectos que tienen un impacto real sobre el territorio y sobre las personas. En mi caso, las grandes infraestructuras me han permitido mantener un contacto directo con la España rural, conocer de cerca sus necesidades y contribuir, aunque sea desde una parte concreta del proceso, al desarrollo y mejora de esas zonas.
También valoro mucho la variedad del trabajo. No es una profesión monótona: cada proyecto tiene sus particularidades, intervienen muchos perfiles profesionales y eso obliga a coordinar, escuchar, negociar y aprender continuamente.
Y, desde un punto de vista más personal, ese contacto con el territorio y con la realidad rural me parece muy valioso, especialmente viviendo en una gran ciudad. Te ayuda a no perder la perspectiva de lo que hay fuera de los despachos y de los planos.
La parte menos gratificante es, probablemente, la carga burocrática. Es necesaria, porque trabajamos en procedimientos con muchas garantías, especialmente cuando intervienen administraciones públicas y derechos de los ciudadanos, pero en ocasiones ralentiza mucho los avances y puede hacer que los procesos sean menos ágiles de lo que nos gustaría.
Actualmente trabajas en SERINCO, ¿cuáles son sus funciones?
Actualmente soy directora del Departamento de Expropiaciones en SERINCO. Mi trabajo consiste en dirigir y coordinar todos los aspectos relacionados con los procedimientos expropiatorios.
Es una función muy transversal porque combina la parte técnica, la jurídica, la económica y la gestión de equipos. Me encargo de coordinar valoraciones, expedientes, recursos jurídicos, relaciones con administraciones, propietarios y clientes, así como de supervisar el trabajo de los distintos profesionales que intervienen en el proceso: ingenieros, topógrafos, abogados y otros técnicos especializados.
Además, participo en la contratación y licitación de los trabajos de mi ámbito, y doy apoyo al desarrollo de negocio de la empresa. Tradicionalmente nuestros clientes han sido administraciones públicas vinculadas al transporte, al agua y a las grandes infraestructuras, pero en los últimos años se ha incorporado con mucha fuerza el sector de las energías renovables, que ha abierto nuevas líneas de trabajo.
"Echo en falta una incorporación más visible de nuevas generaciones de mujeres a algunas ramas técnicas. Creo que es importante transmitir mejor la diversidad de salidas profesionales que ofrece la ingeniería"
Durante las últimas dos décadas, la ingeniería ha experimentado una gran transformación. ¿Cómo crees que ha evolucionado la presencia y la participación de las mujeres en este ámbito desde que comenzaste la carrera?
Cuando yo estudié la especialidad de Ingeniería Rural, las mujeres éramos una minoría clara. Era algo que se percibía tanto en las aulas como después, al incorporarte al mundo profesional, especialmente en determinados ámbitos de la ingeniería más vinculados a obra, infraestructuras o territorio.
Con el paso de los años sí he visto una evolución positiva. Hoy me encuentro con muchas más compañeras en distintos ámbitos de la profesión, y también con mujeres ocupando puestos de responsabilidad, lo cual me parece muy importante. La presencia femenina ya no resulta tan excepcional como podía ocurrir hace años.
Dicho esto, creo que todavía queda camino por recorrer. La ingeniería, en general, sigue siendo un entorno bastante masculinizado, sobre todo en determinados sectores como este. Y también echo en falta una incorporación más visible de nuevas generaciones de mujeres a algunas ramas técnicas. Creo que es importante transmitir mejor la diversidad de salidas profesionales que ofrece la ingeniería.
En tu experiencia, ¿qué cualidades y competencias son fundamentales para desarrollar una carrera de éxito en la ingeniería, más allá de los conocimientos técnicos?
Los conocimientos técnicos son imprescindibles, pero no son suficientes. Con el tiempo he comprobado que el trato humano marca mucho la diferencia. En ingeniería se trabaja con proyectos, planos, expedientes y números, pero también se trabaja con personas: clientes, administraciones, equipos, propietarios afectados, compañeros y colaboradores.
Me parecen fundamentales la capacidad de comunicación, la escucha, la iniciativa y la habilidad para resolver problemas sin perder de vista el objetivo. También es muy importante saber coordinar equipos, tomar decisiones, adaptarse a imprevistos y mantener la calma cuando surgen dificultades.
En mi caso, además, el trabajo exige disponibilidad y cierta capacidad de sacrificio, porque los grandes proyectos de infraestructuras implican muchos desplazamientos y presencia sobre el terreno. Pero creo que, cuando te gusta lo que haces, ese esfuerzo se compensa con la satisfacción de ver cómo los proyectos avanzan y se materializan.

A lo largo de tu trayectoria, ¿has tenido referentes femeninos en los que inspirarte?
Sí, aunque es cierto que en un entorno tan masculinizado no siempre han sido abundantes ni tan visibles como deberían. He tenido la suerte de encontrarme con mujeres muy valiosas profesionalmente.
Me han inspirado mujeres que han sabido abrirse camino en ámbitos difíciles, sin perder la naturalidad ni la exigencia profesional. De ellas he aprendido la importancia de trabajar bien, de ser seria en los compromisos, de defender el propio criterio y de no renunciar a una forma de liderazgo más cercana y colaborativa, sin complejos.
La ingeniería sigue siendo una profesión poco conocida entre los jóvenes en toda su diversidad. Aprovechando la celebración del Día Internacional de la Mujer en la Ingeniería, ¿qué le dirías a una niña o adolescente que siente curiosidad por la ciencia, la tecnología o el medio ambiente, pero que todavía no contempla la ingeniería como una opción profesional?
Le diría que se acerque a la ingeniería sin miedo y sin prejuicios. La ingeniería no es solo cálculo o planos; es una forma de entender el mundo y de participar en su transformación. En el caso de los ingenieros agrónomos, además, tenemos la suerte de trabajar en una disciplina muy amplia, que une ciencia, tecnología, medio ambiente.
Es una carrera exigente, pero también muy enriquecedora, porque permite desarrollar una visión muy completa y abre muchas puertas profesionales. Puedes dedicarte a infraestructuras, medio ambiente, agua, energías renovables, producción agroalimentaria, desarrollo rural, consultoría, administración, investigación o gestión de proyectos, entre otras muchas opciones.
A una niña o adolescente le diría que, si siente curiosidad por cómo funcionan las cosas y quiere aportar soluciones reales, la ingeniería puede ser un camino precioso.